Bodega Fotográfica

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No sé bien hace cuantos días fue lo del ladrón incendiado. Unos días después escuché que ni seguros estaban que era ladrón. No sé hace cuantos  días fue eso, pero no lo logro dejar.
Por una parte que bueno es saber que hay un ladrón menos. Estoy convencido que eso debe de ser bueno. Igual me pregunto: ¿Es la única forma? ¿Debemos estallarlos, matarlos, verlos morir calcinados?
Soy un hombre de imágenes. Las creo, las busco, las siento y esta la sufro. Y sí, ver un hombre en llamas impacta, pero ver a otros diez  observarlo, unos con gozo, otros con frialdad, impacta más.
Diez tipos, tomándole fotos, grabándolo con el celular. Zombies. No hay que esperar temporadas de The Walking Dead. También somos mounstros. No detesto a los ladrones o delincuentes por ser malas personas. Eso no me importa. Los detesto por lo que me hacen sentir. Por el miedo que siente mi gente. Por lo que me quitó gente que ni me conoce. Porque nos hicieron creer que debemos de ser igual o más violentos que ellos.
Que si hay lobos, ovejas y perros ovejeros. Que si no elegimos, otros eligen por nosotros. Que hay que acabarlos antes que nos acaben. Que no nos tentemos el alma porque ellos no lo hacen. Eso decimos, eso repetimos hasta volverlo casi un mantra. Porque eso sí, frases conocemos muchas. Las pegamos en Facebook, twitter y donde sea que queramos llamar la atención.  Con frases nos tratamos de convencer que lo que hacemos está bien.
Frases como: “No pelees con un idiota, te bajará a su nivel y ahí te ganará por experiencia. “ Todos la hemos leído y aún así nos alegra pelear con todos esos idiotas a su nivel. También somos idiotas.
Me gustaría saber qué hacer, pero no lo sé. Quizá alguien más listo que yo me pueda responder. Lo único que sé es que crear asesinos para terminar con los ladrones no me parece la mejor opción.
Somos “los buenos”, “los civilizados”, “los inteligentes”, ¿no? Entonces, peleemos. Pero traigamos al idiota a nuestro nivel. Lo que sea que eso signifique. 

No sé bien hace cuantos días fue lo del ladrón incendiado. Unos días después escuché que ni seguros estaban que era ladrón. No sé hace cuantos  días fue eso, pero no lo logro dejar.

Por una parte que bueno es saber que hay un ladrón menos. Estoy convencido que eso debe de ser bueno. Igual me pregunto: ¿Es la única forma? ¿Debemos estallarlos, matarlos, verlos morir calcinados?

Soy un hombre de imágenes. Las creo, las busco, las siento y esta la sufro. Y sí, ver un hombre en llamas impacta, pero ver a otros diez  observarlo, unos con gozo, otros con frialdad, impacta más.

Diez tipos, tomándole fotos, grabándolo con el celular. Zombies. No hay que esperar temporadas de The Walking Dead. También somos mounstros. No detesto a los ladrones o delincuentes por ser malas personas. Eso no me importa. Los detesto por lo que me hacen sentir. Por el miedo que siente mi gente. Por lo que me quitó gente que ni me conoce. Porque nos hicieron creer que debemos de ser igual o más violentos que ellos.

Que si hay lobos, ovejas y perros ovejeros. Que si no elegimos, otros eligen por nosotros. Que hay que acabarlos antes que nos acaben. Que no nos tentemos el alma porque ellos no lo hacen. Eso decimos, eso repetimos hasta volverlo casi un mantra. Porque eso sí, frases conocemos muchas. Las pegamos en Facebook, twitter y donde sea que queramos llamar la atención.  Con frases nos tratamos de convencer que lo que hacemos está bien.

Frases como: “No pelees con un idiota, te bajará a su nivel y ahí te ganará por experiencia. “ Todos la hemos leído y aún así nos alegra pelear con todos esos idiotas a su nivel. También somos idiotas.

Me gustaría saber qué hacer, pero no lo sé. Quizá alguien más listo que yo me pueda responder. Lo único que sé es que crear asesinos para terminar con los ladrones no me parece la mejor opción.

Somos “los buenos”, “los civilizados”, “los inteligentes”, ¿no? Entonces, peleemos. Pero traigamos al idiota a nuestro nivel. Lo que sea que eso signifique. 

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Somos

Somos las cosas que no necesitamos y aún así hacemos.  Los libros que leemos, las canciones que escuchamos, nuestro trago o postre favorito. Las platicas absurdas que tenemos.

Somos la forma en que hacemos las cosas. Si besamos rápido o lento, si estudiamos o copiamos en el examen, si cogemos con luz o en penumbra, si bebemos en vaso o en botella, si buscamos una banca o una banqueta.

Somos las cosas en que perdemos el tiempo. Las horas que pasamos sentados viendo la vida pasar, lo que defendemos, los hobbies…

Somos lo que decimos cuando ya no hay nada bueno que decir. Somos las llamadas, los mensajitos y las miradas. Y lo que nos duele y lo que nos hace reír y las lágrimas también somos. Somos eso y mucho más.

Así que no me vengas con el cuento de que no me necesitas. Porque eso ya lo sé. Las necesidades se cubren y ya. Por el contrario, tú de mí, no te vas a deshacer tan fácil.

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Hay cosas que no me atrevo a decir

Porque prefiero mi felicidad sobre la tuya.

No te quiero

Ni te aprecio

Sólo te deseo.


Es de ese tipo de cosas

Que solo las dicen los amigos

Y yo

no soy tu amigo

Ni quiero serlo.